domingo, 27 de marzo de 2016

Cartas a (una) "Rosa" ( III )

Cartas a (una) "Rosa" ( III )
Confieso que jamas se me dieron demasiado bien los comienzos,
y por supuesto, mucho menos los finales,
y si hablamos de historias de amor, 
eres la que mas sabe que no ha sido mi fuerte.

Si bien es cierto, todas las personas de mi alrededor me buscaban para darles consejos de amor,
quizás me veían cara de poeta, de Lope de Vega, de estúpido con suerte, o incluso de Gurú del amor, provocados por alguna tipo de alucinación debido a setas o sapos alucinógenos,
pero... sinceramente,
lo que creo que veían era,
a miles de kilómetros,
las cantidades tan ingestas de heridas que llevaba dentro de mi,
y no precisamente eran heridas de victoria,
unas heridas que, cada noche, eran insufribles.

Pero... sin embargo, antes de que nuestras casualidades nos juntaran, había una cosa que me intrigaba bastante.

Siempre que te tenía cerca, fuese día, tarde o noche,
me olvidaba de todo, 
hasta de en que año vivía (o me moriría).

Debo de confesar, que en mi mas profunda inconsciencia, debía de morirme de ganas por verte,
de perderme entre tus miradas,
de morder cada milímetro de esa piel,
de comprobar la suavidad de esos dulces labios,
de ponerte a prueba para ver si eras capaz de dejarme sin aliento,
pero mentiría si después de esto, te dijese que era "inconscientemente".

Y es curioso también otro detalle,
eres la única persona que he sido capaz de besar con los ojos cerrados todo el tiempo,

Por encima de cualquier cosa, 
jamas se me olvidará el primer beso que me robaste,
porque ese beso, 
ese primer beso,
fue el que consiguió cambiar el dolor,
por el amor mas intenso que jamas podría ser capaz de sentir,
y eso podría explicar porque consigues que siempre tenga los ojos cerrados cuando me besas,
y es que, sin ese sentido,
puedo ver... o mejor dicho,
soy capaz de "sentir" todo ese universo que hay entre tus labios,
ni podrías haberme curado cada una de esas heridas.





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