Cartas a
(una) "Rosa" ( IV ) (Segunda parte)
Tienes una
costumbre un tanto fea,
tu sabes muy
bien a cual me refiero,
no te hagas
la despistada,
no intentes
mirarme haciendo brillar esos ojos de color miel,
tampoco
intentes callarme a besos, ni a mordiscos, ni tampoco con susurros,
ya que por
eso te lo digo en intentos de buenas palabras.
El caso es
el siguiente:
Tú me miras,
me hipnotizas y me seduces,
yo intento
no mirarte, dejar la mente en blanco y morderme los labios,
tu insistes,
me acaricias y me muerdes,
y yo
persisto, me resisto e intento que no se me noten los escalofríos,
ya que, de
que se me notasen cualquiera de esas cosas estaría perdido,
perdido
entre tus caderas, entre la belleza de tu mirada y en la perfecta parábola que
forma tu sonrisa.
Es difícil
de creer, lo sé, lo reconozco y soy consciente de ello.
¡Pero es que
así se presentan los hechos!
el hecho de
lo que fingía ser las ruinas de un corazón cubierto de tierra y ceniza,
el hecho de
lo que parecía ser un túnel de luces fundidas y cubierto de penumbra,
el hecho de
lo que se pensaba que era un niño que jamás volvería ver crecer nada en su
jardín, vestido de negro.
Resultó,
que de esa
tierra y ruinas,
creció por
arte de magia una flor,
que de lo
que parecía ser un túnel oscuro y sin salida,
alguien colgó
antorchas de fuego en el camino,
y que de lo
que se pensaba que era un ser pesimista y muerto,
alguien lo
ilumino con su sonrisa,
y con dos
palabras y un beso, se secó las lágrimas y se levantó con ella
Ya que en
realidad, nada era lo que fingía ser,
ni tampoco
era lo que parecía ser,
ni mucho
menos era lo que se pensaba que era,
porque lo
único que hizo falta,
fue que una
rosa brotase de entre esa tierra y ceniza, para que iluminase ese jardín de
rojo fuego, en vez de negro.
Y con esto
quiero decirte una cosa.
Querida
rosa, eres la flor que jamás pensé que brotaría de un jardín tan negro como el mío,
ni tampoco que iluminaria todo ello del color del fuego, ni tampoco que
conseguirías hacerme ver en lo necesario que era tenerte a mi lado, para que
cada mañana, con el primer rayo de sol, me besases y me dijeses “te quiero”.
Me encanta :3
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